DDesde hace algún tiempo vengo escuchando un comentario que se repite y se repite casi sin variación. Una frase sencilla “Tenés talento para escribir”. Este es el tipo de cosas que a las personas normales les gusta oír, vamos a que a cualquiera le gusta que le digan que hace las cosas bien. El problema es que en el fondo no me lo creo del todo. Tengo este pensamiento recurrente de que puedo ser mejor, debo ser mejor.

 

Las personas me preguntan si ya no he escrito, extrañan mis viejos proyectos, mientras yo sigo pensando que no eran tan bueno. O talvéz sí. En fin, el mejor crítico de mi trabajo soy yo mismo. Algo que puede ser una cualidad muy buena, termina siendo uno de los obstáculos más grandes porque nada es lo suficientemente bueno para el potencial que mi cerebro cree que tengo.

 

Siempre me ha gustado pensar en mí mismo como un científico loco. La única diferencia entre el típico científico de película y yo es que en lugar de tener un laboratorio lleno de experimentos yo tengo una mente llena de ideas de todas las formas y de todos los tamaños.

 

Acá tengo de todo un poco. Ideas pequeñitas que apenas están tomando forma, como una mota de polvo que lentamente va a llegar a convertirse en algo más, una mota de polvo mucho más grande quizás. Ideas medianas que llevan un poco más de tiempo en cocción, teorías sobre cómo funciona la sociedad, lo que hace que las personas se comporten del modo que se comportan. Finalmente están las grandes ideas, lo complejo, el significado de la vida, del amor, de Dios.